domingo, 10 de marzo de 2013

Cuento


Nada más comenzar a esclarecerse el día,  cuando irrumpen los rayos de sol en su habitación, sus ojos se llenan de nuevo de lágrimas. El irritante sonido de la alarma, de la primera, y la idea de que en pocos minutos sonará la siguiente, la carcomen por dentro.  Pero ella llora, suelta la rabia y el dolor que lleva dentro ignorando los sonidos externos, tan solo escuchando sus sollozos. Su piel se ha vuelto grisácea con el tiempo, sus ojos caídos, la cara arrugada. Pocos dirían que es una joven que acaba de entrar en la vida adulta. Sin embargo, mientras grita y se retuerce, sufre e intenta controlar su ira nota el suave abrazo de su madre. ¿Por qué llorar? ¿Para qué sufrir si le puedo contar un cuento a mi madre?

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